UNA HISTORIA, PERO SIN TRAMPA NI CARTÓN

A veces, cuando menos te lo esperas, la vida te regala una anécdota de esas que además tienes que contar. ¿Lo bueno? Que en estos casos siempre estás sólo, así que puedes añadir y quitar detalles, inflar, exagerar, adornar y todo lo que quieras sin que nadie te pueda cuestionar nada. Rienda suelta para poner en marcha la maquinaria de la imaginación más retorcida. Eso sí, ojo con traspasar la línea de lo fantasmal.

Por ejemplo, si vas por la calle y ves pasar una rata, ¿qué más da que digas que era como un gato de grande? Total, sólo la has visto tú, y así añades una pizca de peligro, algo que convierte un hecho insignificante en un guión de película. Porque claro, una rata como un gato de grande podría atacarte y acabar con tu vida en el tiempo que alguien pestañea, y hay que transmitir esas sensaciones de miedo, terror y angustia.

Pero tampoco hay que pasarse, no vale decir que la rata era como un mastín, que tenía garras de velociraptor y que escupía fuego, porque probablemente nadie te creerá y tu anécdota caerá en el olvido (además de quedar como un gilipollas mentiroso). Hay que saber vislumbrar perfectamente dónde comienza el camino del escepticismo, la desconfianza y la incredulidad.

Si se sabe adornar una historia como Dios manda, quizás acabe convirtiéndose en legendaria. Tú se la contarás a alguien, ese alguien a otro alguien y así sucesivamente, siempre añadiendo u omitiendo cosas, hasta el punto de crearse una historia completamente diferente que le sucedió a un amigo de un amigo. Toda una leyenda urbana nacida de tu experiencia simple y llana como el cerebro de una mona retrasada.

Y todo esto viene a santo de una historia que pretendía contar, pero me he liado la de Dios es Cristo, así que la historia quedará para otro momento. Prometo no adornarla demasiado y ajustarla lo máximo posible a la realidad.

6 comentarios:

benzodiacepinas dijo...

Yo una vez vi una cucaracha...

Filoctetas dijo...

Nada más poner un pie en Londres tras salir de la estación Victoria nos encontramos con una rata enorme que se escondió en unos setos.

Fue la mejor bienvenida de mi historia ;_;

"The Leff" dijo...

Ahora que hablas de ratas, se me viene a la cabeza Nueva York. Estando allí, sábado de madrugada, me entraron por la calle ganas infinitas de mear, de las de "meo aquí, exploto o me lo hago encima". Tuve que buscar un sitio apartado, y la calle estaba repleta de ratas que iban a la basura. Yo meando, y ratas enormes pasando todo el rato por mi lado. Harto desagradable, lo sé.

Filoctetas dijo...

Mejor ratas que polis. Estos te hubieran curtido.

jose marcelino dijo...

Ya te digo xDDD

Andres dijo...

Mis amigos dicen que yo soy un poco rata...