AMERICAN GANGSTER


Gran película, y, seguramente, favorita a muchos Oscars. Normalmente, es lo que suele ocurrir cuando se juntan un director de gran calibre, como es Ridley Scott, con actores reconocidos de la talla de Denzel Washington y (su fetiche) Russel Crowe.

La película se sitúa en los años 70, en plena guerra de Vietnam, y trata sobre Frank Lucas, un hombre negro que trabaja cómo chófer de una especie de mafioso de Harlem (el barrio negro por excelencia de Nueva York). Tras la muerte de éste, Frank opta por no quedarse de brazos cruzados y aprovecha el gran auge de la heroína para llevar a cabo una idea: eliminar intermediarios y traer la heroína directamente desde Vietnam. Aprovechando la guerra, y que su primo es militar y se encuentra en el país asiático, utiliza al ejército americano para introducir la droga en Estados Unidos. Este negocio supone una droga mucho más barata y de una pureza del 100%, por lo que podrá ponerla en la calle aun precio inferior y con una calidad mayor que la de sus competidores. Este negocio le sale bien, y su riqueza y poder aumenta de forma exponencial, lo que le crea muchos enemigos al no poder competir éstos con su producto. El tema de ser negro tampoco le ayuda demasiado.

Por otro lado, tenemos a un policía honrado, rara excepción entre un cuerpo plagado de corrupción. Este policía es elegido para formar un equipo que supondrá el primer departamento antidroga de la ciudad, algo muy necesario ante el descontrolado crecimiento de venta y consumo.

El resto de la peli os lo podéis imaginar, los buenos persiguen a los malos, mientras estos se hacen cada vez más poderosos. También hay supuestos buenos que son malos (polis corruptos), y malos que son bastante buenos. Una característica de este filme, es que el director consigue hacer que el público conecte más con los delincuentes que con los policías, haciendo así que los malos sean en realidad buenos. Frank Lucas, personaje que se hacía inmensamente rico a base de destruir vidas con heroína (hay varias escenas en la película donde se retrata con crudeza este hecho), acaba pareciendo una buena persona a la que nos fastidia que las cosas no le salgan bien, mientras que los policías corruptos se convierten en los personajes más odiados.

En definitiva, una muy buena película que se queda a las puertas de la genialidad. Pese a su larga duración, nos deja con ganas de más, y deja patente que, aunque no consigue reinventar la temática mafiosa ni se convertirá en El Padrino del siglo XXI, es posible hacer una buena película si uno se lo propone.

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