CACHAS POR DOQUIER

Y no, no me refiero a mi mismo. El caso es que cuando empecé a ir al gimnasio decidí que para no sentirme sólo y no aburrirme levantando los más de 300 Kg. que soy capaz de levantar, lo mejor era que me acompañase mi querido perro (Moreno, no te sientas aludido, jeje), un fantástico y escuálido galgo negro.
Pues después de varios meses y de haber adquirido un físico de luchador de Pressing Catch a base de ejercicios musculares, me he dado cuenta de que mi progresión ha sido minúscula comparada con la de mi perro, que parece haberse comido Mr. Universo.

¿Cómo? ¿Qué no le ves bien las cachas al chucho? Pues mira en esta foto a ver...

Supongo que después de todas estas estupideces no hará falta decir que se trata de un relato ligeramente fantástico... Si a alguien le interesa saber la auténtica razón de semejante musculatura canina, que se dé una vuelta por Maikelnai´s Blog. Como adelanto, diré que se debe a una mutación genética de reciente descubrimiento (sí, además de ser un perro infinitamente cachas, es mutante. Que tiemblen los X-Men...)

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