SALTO AL VACÍO

Cogió carrerilla, cerró los ojos, apretó los puños y los dientes y se dió una última oportunidad para decidir. Estaba a punto de hacerlo, pero sabía que tenía derecho a pensárselo una vez más. Aún podía echarse atrás.
Si optaba por no huir, esta podía ser una de las mejores experiencias de su vida, pero también podía acabar en una caja de madera de pino.
Por otro lado, darse media vuelta significaría ser un auténtico cobarde a ojos de los demás. Un jodido gallina el resto de su insiginificante existencia. Pero, ¿eso le importaba? No estaba seguro.
De repente, sin haber llegado a ninguna conclusión, un impulso recorrió todo su cuerpo desde la cabeza a los pies, haciendo que sus extremidades inferiores adquiriesen vida propia. Cuando se quiso dar cuenta de lo que estaba ocurriendo, se vió corriendo con todas sus fuerzas, como si su vida dependiera de ello.
En el momento en que decidió abrir los ojos, comprobó que ya no pisaba tierra, y entonces el corazón se le subió a la garganta impidiéndole respirar con normalidad. El viento le golpeaba la cara y le hacía llorar como a un niño recién nacido. Apenas podía moverse, era totalmente esclavo del destino...

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